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Paya, tuvo su origen en un lejano caserío habitado por una tribu muy disímil de las características raciales de los chibchas. Fue evangelizada esta tribu por los padres de la Compañía de Jesús, quienes llegaron en el año de 1600. Nos dice el historiador Boyacense don Ramón Correa que después de la entrada de los Jesuitas al Llano de Casanare los siguieron los padres agustinos, quienes se demoraron en Pisba y Paya e hicieron grandes beneficios a los naturales.

El historiador boyacense presbíteros Vicente Basilio Oviedo, nos trae en su interesante libro "Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de Granada", el siguiente aparte que se refiere a Paya, el cual fue a su vez transcrito por el señor Correa en sus Monografías:

"El curato del pueblo de Paya, en el camino de los Llanos, cuya jurisdicción es distante de los llanos dos jornadas y de Tunja tres o cuatro hacia el Este; su iglesia de las ordinarias de teja con poco ornato; su temperamento cálido, tendrá cincuenta indios trabajadores en sus labranzas y también fabrican lienzos y tienen bastante ganado y son bozales como los de Pisba y algo altivos. No tiene este pueblo vecinos blancos. Esta en paraje algo retirado del comercio".

Paya figura en la historia de la independencia por el hecho de armas que allí tuvo lugar el día 27 de junio de 1819.

Por interesante para las generaciones nuevas que suelen descuidar insensiblemente el recordar estos acontecimientos que conformaron nuestra vida independiente, transcribimos un capitulo del gran historiador doctor Cayo Leonidas Peñuela, sobre los hechos ocurridos precisamente en Paya un mes antes de la batalla de Boyacá. Dice el doctor Peñuela:


El 27 de junio, el libertador llegada con la retaguardia muy maltratada al pueblo de Morcote y allí supo que una buena parte del 1º de Numancia, con su primer jefe, el comandante Tolrá, estaba apostado en Paya con la misión de guardar aquella vía. Trescientos veteranos se juzgó que serían suficientes para oponerse a cualquier atrevimiento de los insurgentes; en Chitacaba o páramo de los llaneros, los informes fueron interesantemente precisos y entonces Arredondo con acuerdo de Santander, dispuso dar a los realistas una sorpresa semejante a la que le urdieran antes.

Por sendas que no permitían sino andar a pie, dio un rodeo por entre los bosques para tomar muy arriba el camino que baja de Pisba; Santander con el resto del batallón y un piquete de guías mandado por Reyes Patria, continúo la marcha por el camino principal. Los realistas por su parte para aprovechar el número de soldados dejaron los suficientes para guardar la fortaleza y casi todos se emboscaron en las cumbres a cuya falda llegaba el camino del llano. Cuando los jinetes doblaban la colina que demora pocas cuadras el oriente del poblado, los realistas rompieron fuego vivísimo sobre aquella, ola en la que hicieron muy pocos muertos pero muy sentidos, por su valor y demás prendas, como fueron el teniente Eusebio Antolínez y el sargento Ignacio Terco. Pero al instante los guías corren por cerca del poblado a tomarle la espalda al enemigo, a tiempo que la infantería resiste con denuedo; al cabo de un rato de combate acomete de improviso Arredondo por el flanco izquierdo de los realistas